Maldito whatsapp

Maldito whatsapp

Hoy cumplo dieciocho años, soy una chica feliz, muy madura para mi edad, pero tras los acontecimientos por los que he pasado, solo podían concluir de dos maneras, o con una madurez excesiva para mi temprana edad, o con un fin algo más dramático.

He de reconocer que soy una chica coqueta, demasiado tal vez, algo alta, siempre he sido muy desarrollada para mi edad, tuve mi primera menstruación apenas con nueve años, a los doce, mis pechos ya eran dignos de una mujer adulta y mi forma de vestirme y contornearme…

No era consciente de esto, solo quería ser mayor, para presumir, y nunca se me paso por la cabeza, al callejón sin salida que esto me podía llevar.

Mi madre, era como yo, provocativa, le gustaba llamar la atención y nunca ha tenido dos dedos de frente, de tal manera que en casa, en la que vivimos solamente nosotras dos, el sentido común, siempre lo he puesto yo, pero con quince años, cuando aún no se ha salido de “la edad del pavo”…

Mi madre, se mataba a trabajar doce horas diarias, catorce fuera de casa, para que no nos faltara de nada, lo mismo la daba limpiar baños, que cuidar niños, o lavar el culo a ancianos, lo importante, era darme todo aquello material, que el sinvergüenza de mi padre me negaba.

Si, sinvergüenza con todas las letras, y no voy a ser tan mojigata de predicar el amor para toda la vida, ni mucho menos, cuando se acaba el amor, mejor poner punto final, que mal vivir el resto de su vida, pero el amor era para con mi madre, que era su pareja, pero una hija, el fruto de ese amor, sí que es para siempre, es una responsabilidad de las que no te puedes deshacer de un plumazo, y por eso lo califico de esa manera.

Sí fue dejar a mi madre y olvidarse de mí, como si de un simple mueble se tratara.

Una noche cuando volvió mi madre a casa, ya no estaba, tampoco su ropa, ni sus cosas personales, el resto intacto.

Debió pensar que con dejarnos un techo y una cama donde dormir, era suficiente. Mi madre para contrarrestar esta sin razón, se ha volcado conmigo, nada en lo material me ha faltado, pero en estos últimos años, tal vez hubiera sido preferible, algo más de compañía, algo más de conversación, ejercer más de madre y amiga, que de suministradora de vestidos y baratijas.

Yo ante la libertad horaria, hacía de mi capa un sayo, sabía que teniendo mi habitación recogida, no trayendo problemas a casa, haciendo los pocos recados que me encomendaba y estando en casa cuando ella llegara, todo iría perfectamente.

A los quince años solo me preocupaba ir guapa, algo maquillada, cosa que nada más llegar a casa, me quitaba para que mi madre no me viera de esas guisas.

Obviamente los chicos me miraban, y si quería algo con cualquiera de ellos, no me costaba nada conseguirlo.

Ese fue mi error, pensar que mis actos, no tendrían consecuencias y ya lo creo que las tuvo.

Todos nos conocemos, y casi todos tenemos nuestros teléfonos, cuando no ha sido porque hemos quedado para ir al cine o la discoteca, era por un trabajo en común o por la obra de teatro de fin de curso, alguno solo los hemos usado en contadas ocasiones, pero ahí están, en todas las agendas.

Sé que me pasé, que cuando se me metió entre ceja y ceja tener algo con Álvaro, el guaperas de la clase, no medí la consecuencias, menos aún, sabiendo que era el novio de Marta, la líder de la clase, la que siempre llevaba una corte de incondicionales, capaces de hacer cualquier cosa por conseguir los favores de esta.

Si, una tarde después del instituto, me llevé a Álvaro a casa, tampoco me tuve que esforzar mucho, él sabía que estaríamos solos y, que yo era desinhibida y espontánea, que cuando me decidía por algo, no tenía marcha atrás.

Con esto ya me había pasado siete pueblos, pero a la hora de provocar, o tal vez de mostrar quien tenía el poder, me pasé colgando en redes sociales una foto en la que los dos aparecemos muy cariñosos, sentados al borde de mi propia cama.

Al final, estando aún desnudos sobre ella, él recibió una llamada, mentalmente alargo esta y disimuladamente hizo alguna foto. Él desnudo aunque solo se le veía la cara y parte del pecho, pero yo tras él como mi madre me trajo al mundo, nunca fue consciente de esa foto, hasta que recibí un mensaje por whatsapp, era escueto, pero preocupante.

—“Eres una guarra, una puta”, a continuación la foto de los dos, que antes he descrito.

—Putas son las que cobran, yo solo me divierto con quien quiero, igual tu no lo haces porque nadie quiere estar contigo.

Aún no había quitado el dedo de la tecla enviar, cuando tube consciencia de que acababa de abrir la caja de Pandora, el número por el que me había llegado el mensaje no lo tenía memorizado, con lo cual, el mensaje podría ser de cualquiera, aunque estaba claro, que la foto solo podía proceder del teléfono Álvaro.

—Tío, que haces, a que estás jugando, sino te gustó estar conmigo, no se vuelve a repetir, pero no hace falta que me insultes.

—¿De qué hablas?

Cómo respuesta le envié el mensaje recibido.

—Yo no sé nada de eso, a mí no me metas en líos.

—Esa foto solo la has podido hacer tú, solo ha podido salir de tú teléfono.

—A mí no me metas en tus movidas, yo no sé nada.

Iba a replicarle a su respuesta infantil, cuando de pronto tenía doce mensajes nuevos, todos de números distintos como si todo esto, estuviera bien preparado, en ellos, al igual que en el primero me llamaban de todo menos bonita. Esto fue solo el comienzo, yo me sentí utilizada, engañada, foco de unas iras que en ningún caso creí haber alimentado.

Cuando ya tenía escrito el primer de los mensajes de respuesta, lo pensé unos segundos, tal vez fue una iluminación, debía de parar esto y no alimentarlo con respuesta aunque estas fueran adecuadas, seguramente no serían las más apropiadas, solo conseguiría empeorar las situación, entonces, lancé el teléfono lejos de mí y me tiré sobre la cama, llorando amargamente.

Una hora después volví a coger el teléfono, no por seguir con la historia, más bien, para intentar volver a la normalidad, entonces ya eran más de cien mensajes insultantes, algunos habían manipulados fotos, cogiendo mi cara y poniéndola en cuerpos, que hacían sexo de cien maneras distintas, no lo pude resistir, estrellé el teléfono contra la pared y con el pleno convencimiento que a partir de ese momento, no sería un instrumento a usar.

Esa noche cuando llegó mi madre, me llevé una buena regañina, me había estado mandando mensajes para que la hiciera un recado, era algo sin importancia, pero ante la contrariedad de no haberlo hecho, se enfadó conmigo.

—No sé para qué quieres el móvil, si para una vez que necesito que me hagas algo, no me haces ni caso.

—Mamá, el móvil, se me cayó esta tarde al suelo y creo que se ha estropeado, por eso no he visto tu mensaje, pero sin tan urgente era, podías haberme llamarme al teléfono de casa.

—Cómo si parases mucho por casa, cuando no estoy yo.

Su respuesta me alarmó, yo pensé que ella estaba convencida que era obediente, que del instituto venia directamente a casa, pero ella sabía de mí, mucho más de lo que yo me imaginaba.

Al día siguiente, fue realmente cuando comenzó mi calvario, cuchicheos en grupo, con miradas indiscretas a mí, mientras se mostraban algo en los teléfonos. Al sentarme en mi pupitre, tenía un folio en blanco, al darle la vuelta, una foto mía modificada, de mi boca salía un mensaje:

—Así me gustan a mí.

Una flecha indicaba un pene, que estaba presto a penetrarme, no lo pude resistir, me levanté, rompiendo en mil pedazos la hoja y salí del aula, sin saber a dónde encaminar mis pasos.

Deambulé por calles poco transitadas, sin saber dónde ir, en ese tiempo, pensé que a lo mejor, en lugar de romper la hoja y salir corriendo, se la debía de haber mostrado a la profesora de lengua, pero y si todo se daba la vuelta, y si esta mujer algo chapada a la antigua, lo interpretaba de manera errónea, creo que lo mejor es lo que hice, que con el tiempo todo se pasaría, solo haría falta algo de tiempo, tal vez una oportuna enfermedad, una gripe, una intoxicación alimentaria y al volver todo estaría en calma.

Sin pretenderlo, estaba cerca de mi casa, allí estaría tranquila, segura, necesitaba descansar, relajarme y, sobre todo pensar.

Al acercarme, la ira me cegó, en el muro del patio delantero, una sola palabra, “PUTA”

Solo hacía una semana que mi madre y yo habíamos pintado la fachada, en el trastero, aún quedaba algún resto de pintura, lo sobrepinte y así eliminé el cartel, estaba desesperada, a punto de hacer cualquier locura, estaba como loca, de haber tenido a mano algo con lo que acabar con todo, terminar con mi vida en ese mismo momento, lo habría hecho, solo quería descansar, que mi cabeza dejara de dar vueltas, estaba a punto de estallarme, el dolor era tal, que casi me resultaba insoportable.

Fui al botiquín en busca de algo que mitigara este dolor, entonces vi las pastillas que alguna vez mamá utiliza para dormir, no lo pensé, me tomé dos, después me eché un puñado en la mano y me lo metí a la boca, bebí un trago de agua…

 

Me desperté en el hospital, mi madre a mi lado, yo conectada a un gotero.

—¿Qué ha ocurrido? —pregunté algo asustada.

—Tranquila, ya pasó todo, ahora descansa y pronto volveremos a casa.

Después me enteré de lo acontecido, mi madre llevó mi teléfono a arreglar, acababa de recibirlo y estaba mirando los mensajes de whatsapp, cuando la vecina le llamó avisándole de lo que había en la puerta y como yo fuera de mí, estaba tratando de borrar.

—Esa llamada fue tu salvación, de no haber sido por Teresa, yo hubiera llegado a casa demasiado tarde, pero mira la vida te ofrece otra oportunidad, los culpables de todo esto tendrán que responder por sus hechos.

—Pero son muchos, mamá.

—He estado hablando con el policía que lleva la investigación, solo dos chicas han participado en todo esto, ni siquiera el chico tiene nada que ver, salvo en mostrar la foto a sus amigos, la que consideraba su novia, se la quitó, y de acuerdo con su amiga, la primera que te envió el mensaje, lo urdieron todo, al resto se lo vendieron como un juego, algo sin importancia y sin meditarlo, todos participaron en ello, ahora tendrán que responder ante un juez.

—¿Pero en el colegio?

—En el colegio no tendrás problemas, las dos han sido expulsadas, en cuanto al resto han sido apercibidos y a la mínima, serán también castigados, creo que en ese sentido, bajo el punto de vista de la directora debes de estar tranquila.

—Debía de haber acudido a mí, ante el acoso, seguro que de este modo no habría llegado el tema tan lejos, —me ha dicho a continuación.

—Estuve a punto mamá, pero y si no me entendían y si en lugar de apoyarme, encima…

Esa misma tarde recibí la visita de Álvaro y sus padres, venían a disculparse, por no haber custodiado lo suficiente el teléfono y sobre todo por haber hecho aquella foto sin mi consentimiento.

Hoy en día estamos saliendo juntos, su familia es una familia para mí y un gran alivio para mi madre, ya que de estar las dos solas, ahora tenemos una familia cercana en la que apoyarnos. Yo de todo esto, he aprendido una buena lección, y de ese aprendizaje, el compartir con todos vosotros esta deplorable experiencia. En caso de ser acosada como lo hicieron conmigo, acude a cualquier adulto, él sabrá encauzar esto, ponerlo en manos de las autoridades y cortarlo por lo sano. No hagas lo que hice yo, es solo un hecho pasajero, por muy luctuoso que sea, yo dos años después casi lo tengo olvidado, ¿pero lo habría olvidado mi madre, de haber sido el final de otra manera?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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