Fanny & Francis

#TreceHistoriasDeAmor

Capítulo 13

Fanny & Francis

 

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Mi historia es una más, una de esas que ocurre cada día en montones de sitios, pero tal vez por ser la mía, la nuestra, considero que tiene algo muy especial.

Soy Fanny, llegué a Madrid desde una pequeña aldea gallega, llena de hastío y cansancio, de no encontrarme ni a mí misma ni mi esencia, en busca de aventuras, de oportunidades, de opciones vitales, y ya lo creo que las encontré.

Llegué sola, sin conocer a nadie, tal vez algunos contacto en RRSS y poco más, ni tan siquiera tenía previsto un techo bajo el que cobijarme, solo unos poco ahorros.

El viaje fue tranquilo, demasiado, pero lejos de dedicarlo a pensar, a plantearme el futuro, o reflexionar sobre mi pasado, lo hice dormida, como si atrás dejara todas mis preocupaciones y problemas.

Era la primera vez que venía a la capital, directamente me metí en el metro y baje directamente en Sol, una simple mochila con cuatro trapos, otro juego de zapatillas y muchas ganas de vivir intensamente esta experiencia.

En la misma Puerta del Sol, hice lo que se espera de un paleto venido de la Galicia profunda, quedarme con la boca abierta mirando el reloj, contemplando en lo alto de unos de los edificios el típico anuncio del Tío Pepe, o entrando a ver ese  macro almacén de una súper conocida tienda de ordenadores y teléfonos.

Fuera en la plaza, los típicos japoneses  fotografiándose junto al oso y el madroño, un grupo folclórico tocando y un montón de gente a su alrededor, junto a la estatua ecuestre del centro de la plaza, unos jóvenes de protesta, exhibiendo algunos carteles, y los  personajes de dibujos animados, ofreciéndose  para ser fotografiados juntos a los niños y así conseguir algo de dinero para subsistir.

Aquí fue realmente cuando por primera vez me hice un planteamiento de futuro, ¿de qué voy a vivir?,  ¿dónde lo voy a hacer?

De golpe caí en la cuenta que llevaba horas sin comer nada, que tenía necesidad de ir al baño, que no era cuestión de mantenerse del aire, entonces todos los temores del mundo se me vinieron de golpe encima.

Siempre había oído hablar de calles circundantes a la puerta del Sol donde te podías encontrar de todo, desde lugares de los más clásicos, hasta los más bohemios, desde lo más moderno hasta los más cutre, las grandes tiendas de moda de primeras marcas y a pocos metros, calles donde la prostitución se ejercía a la vista de todo el mundo, bueno las prostitutas al menos, a la caza de clientes.

Algunas de las calles me sonaban, nadie  creo que es ajeno a la calle Preciados o la Gran Vía, yo opte por  ascender  por la calle Montera camino de Gran Vía, y no solo me sorprendió la cantidad de transeúntes que la ocupaban, sino que tras pasar una gran comisaría de policía, pocos metros más adelante, entre tiendas y restaurantes, las prostitutas buscaban clientela entre  la gente, como los vendedores de oro, o los que repartían propaganda para que acudieras a comer a un local determinado, todo tan extraño, tan increíble para unos ojos que primera vez lo observaban es, que no terminaba de cerrar la boca.

Entonces me vi reflejada en un escaparate de una tienda de moda, vi mi silueta delgada, de niña buena, vestida con unos pantalones multicolor de esos de pintor, una camiseta con una gran hoja de marihuana en la parte delantera, unas zapatillas con estampados de camuflaje y entonces entendí que nadie  se dirigiera a mí, nadie me viera como posible cliente, mis piercing en la boca, nariz u oreja izquierda recorriéndola a los largo del todo el lóbulo por una cantidad de más de media docena, mis rastras; no, no era para que me confundieran con una prostituta  más, mi forma de vestir era muy radical, muy diferente, pero que obviamente era consciente por primera vez, que con este tipo de look, tampoco era una clara candidata a la vida de consumo, a la que aquí se invitaba.

No podría poner en planta por dónde fue exactamente, por aquel entonces todo era muy nuevo para mí, sé que fue una callejuela, perpendicular a Gran Vía, un bar  que no parecía muy suntuoso, me metí, pedí un café con leche y me fui directamente al baño.

Tras relajar  mi cuerpo de las necesidades más básicas y entonarlo con el oloroso café, sentí hambre, me pedí  un pincho de tortilla y una cerveza, a la hora de pedir la cuenta, tome conciencia de otro aspecto que no tenía muy calculado, el valor económico de cada día en la gran ciudad, que mis ahorros apenas darían para unas semanas, contando  con que encontraría un alojamiento económico.

Volví a la Puerta del Sol, allí me fijé nuevamente en los jóvenes  que encadenados  hacías su particular propuesta  y por primera vez desde de mi llegada a la capital, noté como alguien se dirigía a mí.

-Oye deja de mirar  y únete a nosotros.

Mire incrédulamente al joven que  me hablaba.

-¿Me dices a mí?

-¿Claro a quién va a ser, si no?

Me puse de  cuclillas junto a él y comenzamos a hablar. Así me enteré que protestaban por un futuro para los jóvenes, por la lucha por no tenerse que marchar de España  para poder trabajar, por una vivienda digna, porque las viviendas vacías  de titularidad pública o en manos de los bancos se adjudiquen a los más desprotegidos, a un alquiler social, asequible  para  todos.

Así fue como termine sentándome junto a John, un joven que no aparentaba muchos más de veinte años, entre mis piernas por arte de magia apareció un cartel que ni siquiera sabía lo que decía, ese día lo pasé allí sentada más de cuatro horas, no faltó comida, tampoco algo de comida, algún que cigarrito que otro, pero sobre todo sin buscarlo ni esperarlo, allí encontré un lugar dónde dormir.

Hablé de mi reciente llegada esa misma mañana a Madrid, de esta manera John, supo que no tenía sitio dónde pasar la noche y me invitó a pasarla con él y unos amigos en una casa ocupada en Lavapiés.

-Oye, no te vayas a confundir conmigo, que yo…

-Tranquila mujer, mi ofrecimiento es de buena fe, no busco nada oculto, además conmigo no tienes problemas.

-Que quieres decir, que tú no te propasarás conmigo, pero que tal vez tus amigos…

-No mujer, al menos entre nosotros nadie hace nada que no quiera, pero en ese aspecto, a mi lado debes de estar tranquila, porque a mí las chicas no me interesan.

Esta confesión espontanea por parte del que prácticamente era un desconocido para mí, me abrió los ojos, este mundo que acababa de conocer, al que acababa de llegar, era tan diferente a aquel de dónde vengo, donde ya no solo tienes que ser  como  los demás esperan que seas, sino  que además debes de cumplir las expectativas que los demás esperan de ti. Yo por mi pelo, por mi piercing,  ya  chocaba  bastante, cuando me presenté en casa con esta ropa que había adquirido en un mercadillo, los alarmé a todos, y de alguna manera, creo que supieran que era el anuncio de que algo nuevo iba a hacer, como este improvisado viaje, sin saber muy bien hacía dónde o con qué objetivo.

Esa noche antes de dormir,  en parte por lo poco cómodo del lugar, por el calor, por el colchón de dudosa higiene, tirado en el suelo y que compartía con desconocidos, me sorprendí, al plantearme los extraños  compañeros de aventura que había escogido, en cuanto a estética muy parecidos a mí, pero mucho más ideologizados, ellos tenían muy claro, su lucha, su lugar en la sociedad, sus continuas reivindicaciones, mientras que yo lo único que quería era vivir, hacerlo libremente, sin someterme a nada ni a nadie, a costumbres a convencionalismos sociales, estaba harta de lo políticamente correcto y  por primera vez en mi vida, quería ser realmente irreverente, hacer lo que realmente me viniera en  gana.

Creo que debía de ser  ya muy avanzada la noche, cuando el sueño me venció, estaba realmente cansada, el día había sido muy intenso, el viaje, el alejarme  de todo lo conocido, todo aquello que me resultaba familiar y confortable, pasar el día en una manifestación y  la noche aquí, con seis desconocidos, cuatro chicos y dos chicas.

Miré a mi alrededor, la otra chica apenas había cruzado palabra alguna con nadie del grupo, solo la había visto hablar con Xavi, un barcelonés, con el que ahora compartía colchón y por los movimientos sobre el mismo, para algo más que para descansar.

-Sí, son pareja –me dijo John a media voz, al darse cuenta que los miraba.

-¿Tú no tienes pareja? –le pregunté de manera condescendiente, tratando de no ser cortante.

-Mi marido es un bombón, ya lo conocerás mañana.

-¿Pero no vive aquí?

-¿Qué va, lamentablemente él no se puede permitir esto?

Me costó trabajo entender lo que acababa de decir,  tardé en reaccionar, pero al final, no me quedó más remedio que preguntarle.

-¿Qué quieres decir, con que él no se puede permitir esto?

-Sería un sueño para ambos, pero su familia tiene una fuerte influencia sobre él, es de una familia acomodada, creo que  esto para él es una simple manera de reafirmarse, de reivindicar su homosexualidad, de protestar  por una sociedad que a él y los suyos les ha dado todo, pero que sin embargo tan injusta ha sido con el resto del mundo.

-¿Tu novio es rico?

-Mi marido, que aunque no nos hayamos casado, así lo sentimos.

A punto estuve de contestarle, no entendía su amor, yo si algún día tengo pareja, lo necesito a mi lado, cerca de mí, en la pobreza o la riqueza, pero a mi lado y con este último pensamiento, fue con el  me quede dormida.

Un codazo me despertó, Fanny, espabila si quieres desayunar como una reina.

Desde otra estancia, ya que llegué de noche y no había luz eléctrica en el lugar, un fuerte olor a fritanga y chocolate impregnó mi pituitaria.

-Hola chicos, esta es Fanny, una nueva compañera que conocí ayer en la sentada de Sol.

Así conocí a Carlos, nada que ver con John, vestía vaqueros de marca, zapatillas de más de cien euros y un polo de marca súper reconocida por el bordado a la altura del pecho, vamos un pijo en toda regla, y junto a él, su hermana Francis, que chirriaba  en este lóbrego lugar, tanto o más si cabe que su propio hermano.

-Toma, me dijo dirigiéndose a mí con la mejor de las sonrisas, estarás destemplada.

Me tendió una olorosa taza de chocolate, caliente, -aprovecha antes de que estas fieras te dejen sin nada, ¿prefieres churros o porras?

Me debí de quedar descolocada, no entendía nada de lo que me hablaba, no diferenciaba  lo uno de lo otro, o tal vez, mi confusión era por otro motivo.

-Mira, esto es un churro, esto otro, esto otro – dijo haciéndose la graciosa y un gesto que me resulto un tanto obsceno, para después llevárselo a la boca, -es una porra.

-Dame entonces  una porra –respondí siguiéndole la gracia.

-Soy Francis, la hermana de Carlos, ¿tú eres?

-Yo soy Fanny, llegué ayer a Madrid y no sé muy bien, como vine a parar aquí.

Entonces  sentí su mirada clavada en la mía, como me hacía una radiografía de cuerpo entero y al mismo tiempo, una especie de escalofrío recorriendo todo mi cuerpo.

-¿Qué piensas hacer hoy? –preguntó de sopetón.

Entonces John me sorprendió, me dio un codazo y añadió.

-De esta, sí que tienes que tener cuidado.

Le miré, sin saber qué era lo que me quería decir, entonces él me habló claramente y sin tapujos, delante de todos.

-Hija a veces pareces boba, mírala, te come con la mirada, esta si te descuidas. Sí que te meterá en la cama y…

-¿Cómo?¿ Ellas es…?

-¿Algún problema ricura? –me apabulló, mientras  me levantaba la barbilla con su mano para hacer coincidir su mirada y la mía.

-No, no, conseguí balbucear, sin apartar mi mirada de la suya.

Entonces ocurrió, sentí sus cálidos labios sobre los míos, no supe reaccionar o no quise, era todo tan nuevo para mí, tan inesperado, que ni siquiera cuando puso su mano tras mi nuca y su lengua profundizó en el interior de mi boca, no hice nada, ni para colaborar, ni para resistirme, solo me dejé llevar, obviamente nunca me había planteado la posibilidad de que mi orientación sexual, fuera distinta de  lo típico, pero tras este suceso, durante toda la jornada una pregunta me bombardeaba el cerebro de manera obsesiva.

Fanny, ¿Por qué hasta ahora no has tenido ninguna relación? ¿Por qué  huyes del pueblo? ¿Por qué busca tu sitio aquí, donde nadie te conoces y puedes vivir libremente?

Esa noche, me desperté sobresaltada, según me comentó Jonh a la mañana siguiente gritaba.

-¿No, no, no soy lesbiana.

-¿De verdad que  decía eso? –le pregunté incrédulamente.

-Era como si tu subconsciente, luchara por aflorar algo,  muy radicalizado dentro de ti.

Estaba confundida, algo abochornada ante lo que me acababa de contar, pero fue aparecer Francis con su hermano, nuevamente con el desayuno, y una gran sonrisa iluminar mi cara.

-Buenos días guapa, hoy no hagas planes, ya los he hecho yo por ti.

Debí ruborizarme con sus palabras, entonces me cogió de la cintura con su brazo y enfrentándose a todos de forma un tanto desafiante, dijo:

-Sí, pasa algo, esta chica es mía, me gusta y voy a luchar por ella, ¿alguien tiene algo que alegar?

Tiró de mi mano, arrastrándome fuera de la casa.

-Bueno espera, déjame al menos desayunar y coger mi mochila.

-Coge la mochila, para el desayuno, ya tengo otros planes.

No reaccioné, me deje arrastrar, pero siendo totalmente consciente de lo que hacía, dentro de mí había removido todo aquello que durante años me negué a aceptar, de ser consecuente conmigo misma, del verdadero motivo que me había llevado a rechazar a todos los hombres, que se me habían acercado, de sentirme incomoda entre ellos y ahora me explicaba esas miradas furtivas a las amigas, ese querer ver sin mirar, a hurtadillas, ahora lo entendía, ahora comprendía mi magnífica relación con Maru, un par de años mayor que yo, pero con mucho carácter, a pesar de tener marido e hijos y un físico muy parecido a Francis, aunque nada que ver en el tema del vestir.

Francis es mucho más sofisticada, mucho mejor vestida, con una cierta elegancia natural, que no solo viene de la ropa, si no de esas mechas californianas que a pesar de su corta edad, la hace tan…

A la puerta del edificio, un Mini, de color rojo y franjas blancas nos esperaba.

-¿Se puede aparcar aquí?

-Obviamente, ¿no lo has visto?, poder se puede, otra cosas es que no esté permitido y me multen.

-A eso me refería, de hecho, creo que bajo el limpia parabrisas hay algo.

-No te preocupes por eso, eso es cosa de papá, lo malo es que se lo hubiera llevado la grúa, ocurrió en una ocasión, eso sí es un trastorno, pero esto otro no va conmigo, paso simplemente de ello.

Esta conversación me dejó patente el carácter aventurero, déspota y de echada para delante de Francis, un carácter totalmente opuesto al mío y que tanto me llamaba la atención.

Desde ese momento comprendí que la pertenecía, que algo dentro  de mí gritaba que mi yo más sumiso y entregado pertenecía desde siempre a Francis, antes incluso de haberla conocido.

Salimos de la ciudad, en el espejo retrovisor del copiloto me vi reflejada, era una mujer muy diferente de la que tan solo unas horas antes había salido del pueblo, solo entre nosotras  dos se había producido un beso, un simple beso, que sin embargo…

Llegamos a un  gran centro comercial de las afueras, era la primera vez que lo veía, aunque  por referencias toda España había oído hablar de él.

-Vamos a desayunar aquí.

Yo la seguí, bueno era mi sensación, ya que andábamos a la par, de la mano, se sentó frente a mí en la mesa, mientras el camarero nos traía un  desayuno completo, incluido zumo de naranja natural, la miré a los ojos, lo hice con preocupación, con algo de desconfianza, pero en ellos solo vi serenidad, paz, tal vez una chispa de un incipiente amor.

Después me llevó de tiendas, me regaló algo de ropa, que nada tenía que ver, con esta que llevaba puesta, no, no era sofisticada como la de ella, no era de marcas, pero si con mucha personalidad.

Entonces dentro del probador, mientras me quitaba una suave blusa en alegres  estampados, a juego con una falda, me besó por segunda vez, acarició mis cabellos y al alejar su cara de la mía me preguntó.

-¿Estas contenta con las rastas?

-Bueno, era una especie de protesta, ahora ya estoy algo cansada de ellas, me apetece…

Puso un dedo sobre mi boca, me callé y tras pagar el conjunto que llevaba puesto y otro escogido anteriormente salimos de la tienda.

Al entrar en el salón de belleza, la encargada  se precipitó a saludarla e invitarnos a acomodarnos y ofrecernos un café. Obviamente, Francis era clienta Vip en este establecimiento, la peluquera vino a hablar con nosotras, entre las tres decidimos lo que hacer con mi pelo, ellas mientras se haría un tratamiento y después a ambas nos haría una buena pedicura, de allí salí renovada por fuera, un nuevo luz, pelo cortó pero muy femenino, otra ropa, tacones y por dentro…

Por dentro había nacido la verdadera Fanny, esa  deseosa de amar, de pertenecer a alguien, de sentirse protegida, para nada sentí invadida mi personalidad, ni mi propio yo.

El fin de semana lo pasamos en una casita en la pintoresca ciudad de Chinchón.

-Esta casa me la dejó mi madre a mí, es mi refugio y dónde quiero que vivamos, al menos los fines de semana.

Era una casa de ensueño, con magníficas vistas sobre  los tejados del resto de casas y la misma plaza del pueblo. El olor a leña ardiendo recorría todo el pueblo, su pintoresco sabor, su muy visitada plaza, las terrazas de la misma, llenas de gente en esta época del año, que sin ser excesivamente calurosa, da lugar a vivir en la calle, hacer sociedad, pasear  por las empinadas callejuelas. En un momento sentí que este fin de semana fue una autentica luna de miel.

Hoy recuerdo todo esto muy lejano, hoy hace un año de aquel primer encuentro en la casa ocupa de Lavapiés.

Francis no era tan vacua, como en esas primeras horas me enseño, ella es una mujer responsable, con su trabajo serio, del que ya forma parte, como una trabajadora más en plantilla, la semana es para trabajar, eso no quiere decir que no salgamos a cenar, al teatro por el que tenemos tanta afición, a algún estreno de cine, todo ellos compartido con su círculo de amigos, que ahora son los mismo. A veces en él entra Jonh como novio de su hermano Carlos, pero ellos si tienen esa carga ideológica que Francis para nada tiene.

Los fines de semana son nuestros, en nuestro pequeño nidito de amor de Chinchón, alguna vez invitamos a amigos a compartirlos con nosotros, pero este realmente en nuestro castillo, nuestro fuerte donde realmente somos la una para la otra y la otra para la una, y muy lejos allá en Galicia está mi pasado, no he roto relaciones con ellos aunque no he vuelto por allí, ellos saben de mi vida, de mi  vida con Francis, de mi amor, de mis ilusiones  y esperanzas.

No ha sido fácil para ellos, les resulta complicado entender el giro tan radical que he dado a mi vida, a todos, menos a mi amiga Maru, la única que conoce a Francis tras un viaje relámpago a Madrid, al despedirse de mí en la estación de Chamartín, me dijo.

-Ahora sí, Fanny, si te veo, sí que veo a Francis como tu pareja y tengo la sensación que juntas vais a ser muy felices.

Ellas es mi mejor amiga, la persona que mejor  me conoce y yo estoy totalmente de acuerdo con ella, Francis en un encanto, tiene carácter, es dominante que se complemente con mi parte sumisa, pero me quiere, me respeta y me deja mi sitio. Yo soy muy feliz, me siento muy realizada, muy llena de amor. ¿Quién me iba a decir a mi hace un años, que mi vida sería así?

 

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