PERSEIDAS

PERSEIDAS

http://www.youtube.com/watch?v=waMpoBkZ6P4

A pesar  que según dicen, está noche  será la gran  noche para  divisar las lágrimas de San Lorenzo, anoche mientras   divisaba  las estrellas desde  la soledad  de  mi ático, al menos contabilice tres estrellas errantes, según manda la tradición, solicité   un  anhelado deseo, siempre el mismo.

No sé,  si ha sido la casualidad,  la fe o simplemente  un cúmulo de circunstancias,  pero por  lo transcurrido  esta  misma  mañana  y  que es lo que quiero compartir, creo  que mi  petición  has  sido  cumplida con creces y si no es así  juzguen  ustedes.

gran via

Esta  mañana salí  de casa  con  la  intención de perderme   por  los paseos del  parque  del Retiro, tratando de guarecerme de este  implacable mediodía  agosteño,  me había tomado  un  café  cargado  en una de las terrazas de Gran Vía   y bajaba por  la acera de enfrente  del Banco de  España camino  del  Paseo del Prado.

He de reconocer que soy  algo maniático,  que me gusta  ir  de Cibeles a  Neptuno, cruzar  por delate del  Hotel  Palace  y allí cruzar por Felipe IV, camino de  Alfonso XII,  para desde allí acceder a  una de las puertas del parque.

RETIRO II

Me gusta este ambiente siempre festivo, cosmopolita, lleno  de  turista  y de gente  en peculiar trasiego, siempre ávidos por conseguir  una entrada  para algunos de los  museos  principales de  pintura de la ciudad.

Me  encanta  ver al portero del Palace con su peculiar  uniforme, imaginarme el tipo de vida  que lleva  la gente que allí se hospeda  y que  para mí  por el momento  resulta  totalmente prohibitivo.

PALACE

Alguien a mi espalda  trataba de llamar mi atención, pero  yo ya en ese momento  solo tenía ojos para ese ser que aparecía  delante de mí.

Todo  mi ser  había quedado  atrapado  por su magnetismo, por  sus  ojos oscuros y rasgados de  profunda mirada cautivadora.

Esa persona, conocedora del embrujo que  ocasionaban  y  con ese poder  que magistralmente   sabía utilizar  me  arrastró  tras  su  persona obviando  la  llamada  de  ayuda que   un turista a  mi espalda reclama  en  la búsqueda de algún lugar indeterminado que fui  incapaz  de  entender.

Me sentí desvalido  siguiendo  sus pasos   por   la amplia  recepción, mis pies  se atrancaban  por las gruesas  alfombras que   decoran el pavimento del lujosos establecimiento,  pero  mi mente  sin  voluntad propia, lo seguía   hasta encontrarme sentado  a  su lado  en  una recoveco lugar   en  la cafetería del hotel.

HALL DEL PALACE

Mi recuerdo ni siquiera abarca  a  la  bebida  a la que me invitó,  mi mente andaba  obnubilada   por  la mágica situación, el embrujo del local y  la  magnífica  vajilla  con que me estaba  obsequiando ese desayuno improvisado.

Me sentía  cómodo,  como  si  esa persona fuera   una vieja   amistad, alguien  a quien conocía de toda  la vida. Por lo mismo cuando   me invitó  a su  habitación lo hice  sin la mínima  demora,  sin duda alguna, con premura.

Nada  más cerrar  la puerta  a  mi espalda, algo se desató  en  mi interior, algo desconocido   y que me asustaba,   algo primitivo, instintivo y en cuyo papel   no me reconocía.

Un juego de espejos  reflejaba nuestros cuerpos  en agraciada ligazón,  nuestras pieles  sudorosas, nuestras bocas devorándonos  mientras nuestras manos   magistralmente   reconocían nuestros cuerpos  desconocidos  y no por ello  menos   deseados.

Ambos  tratábamos  de retrasar  el  momento crucial,  ese instante  cumbre, trascendental en que  los dos  cuerpos  en perfecto acoplamiento  y armoniosos  movimientos  nos lanzara  al clímax final.

Sobre  una de las paredes  cómo mágicas  sombras  chinas  se observaba las evoluciones de  nuestros cuerpos,  la sala  reverberaba  nuestros gemidos y jadeos  y el susurro alegre de un torrente  de agua de una fuente cercana,  parecía  aplaudir la magnifica ejecución del juego amoroso.

Permanecimos  unos  instantes un cuerpo junto al otro, recobrando  el resuello, dejando  que  la  transpiración de nuestras  pieles terminaran de desahogarse  del agotador juego.

Minutos después, pego un saltó  cómo  ágil felino, me miró fijamente, me guiño  un ojo invitándome a esperar su vuelta de la ducha  y se perdió  tras  la  puerta del baño.

Yo me he vestido precipitadamente  y he salido  como  saltimbanqui huyendo de  este emblemático establecimiento, temeroso  de haber  cometido algo no adecuado y continuando camino del Retiro.

RETIRO

Esta noche dicen  que la lluvia de estrellas será  mucho  más  intensa  y  con la confianza de volver  a   pedir un nuevo deseo llevo  dibujada una amplia sonrisa  en  la cara.

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