CUENTO DE NAVIDAD II

Cuento de Navidad

http://www.youtube.com/watch?v=-YNsd5vTBKk

Los últimos meses  han sido  bastante duros, la lucha diaria se complica mas y mas cada jornada, la falta de trabajo, el afrontar un día tras otro las facturas,  los problemas, los seguros, las tasas, los gastos  cada vez más cuantiosos de  la casa, hace  que la relación  de pareja se resienta, y  no podamos ofrecernos mutuamente  lo mejor de cada  uno, pero  la experiencia de tantos años de convivencia , nos lleva a pensar que hay cosas  más importantes, y que después de unos días de hielo, en la  relación, cualquier detonante hace saltar la chispa y  rápidamente, casi por encanto mágico , nos vemos  rodeados de  templadas aguas que invitan al confort  y  el sosiego.

He retrasado la hora de ir a  la cama, no me gusta  meterme entre las sabanas  para dar vueltas  y más vueltas, esperando  que mi mente se quede en blanco  y  el sueño me llegue, por  eso espero que mis ojos no puedan mas, y  ya  casi a ciegas  sin necesidad de encender luz alguna , encaminarme a la cama  y  apenas  introducirme en ella, caer profundamente dormido.

Al levantarme, mi mente anda confusa, hacia meses que no recordaba tener  sueño alguno  y sin embargo hoy aun lo tengo  fresco en mi mente, latente, como  si aun no estuviera maduro, una sonrisa aflora a mi cara y  las imágenes vírgenes  reproducidas  por primera vez en mi imaginación se presentaban  más nítidas  y claras  que nunca.

No sé por qué  razón, en mi sueño aparecía  como en aquella foto  que tengo de niño con  un gallo en brazos, con el pelo cortado a tazón, y aquel aspecto triste, serio  y tímido a la vez que caracterizo mi infancia y  primera juventud.

Mi primer  recuerdo, era aquel  jersey de cuello redondo en un verde de color dudoso tal vez confeccionado  por mi madre, de restos de otro jersey de mi padre  o tal vez de mi hermano que se había quedado pequeño, o que tras algún rasgón  o quemadura, quedara inservible, y  ella con ese saber hacer, con ese amor de madre y con ese sentido de la economía, lo  deshacía un  día, para al siguiente coger  las dos agujas, eternas en su cesto de costura, y comenzar de nuevo a tejer una hilera tras otra. Recuerdo  la sensación cálida de la lana  y a  la vez el picor que producía  en mi cuello, allí donde la camiseta  interior de manga larga que me obligaba a llevar  durante todo el invierno no llegaba, una nueva sonrisa se dibuja en mi cara,  y  en mis ojos una ola de lagrimas  que me hacen distorsionar las imágenes, la nostalgia de la niñez, el desamparo de la orfandad, y en el fondo esa sensación agridulce, de tal vez no haber estado a la altura de la circunstancias, y  no  haber sabido darla tanto amor como durante  toda mi vida ella fue capaz de entregarme.

Las Navidades estaban próximas, y yo como cada año, pedía  y pedía cosas que sabía  que  nunca me traerían los Reyes Magos, la tarde anterior me había puesto excesivamente pesado  y mi madre  por  aplacarme un poco, en lo que ella  consideraba un exceso de consumismo, me  hablo de ese niño, que por la mañana al ir a la ciudad  se lo había encontrando  por la calle, andaba encogido de frio, y en los pies, unas míseras sandalias de goma, de esas  que se utilizaban en aquel entonces para  ir a la playa, y ni  unos malos  calcetines,  le protegían los pies.

En mi sueño, de  mi imagen, pasé a la de este niño, lo veía  vestido con  andrajos, los pies desnudos, en los dedos sabañones rojizos, que con solo mirarlos dolían, en la confusión de las imagines  no sé  como ocurrió, pero al  traspasar el umbral de la puerta a la caída de la tarde, me encontré con una mísera estancia, era una sola pieza, con un gran  fogón en un lado, sobre la repisa del mismo, unos pocos utensilios de cocina, un puchero a la lumbre, que era la  única fuente   que iluminaba  la casa, un gran mesa de madera devastada  por el paso de los años, y cuatro sillas de anea medio  rotas, al otro lado en la pared de enfrente, dos camastros, uno más grande  donde dormían los padres  y  otro  estrecho y con  un paño algo  mas protector, donde dormía los niños, una pequeña niña de rizos dorados  y el hermano mayor, el de las sandalias de goma, al fijarme bien en su rostros, descubrí mi cara,  esa cara de la foto con el gallo en brazos.

http://www.youtube.com/watch?v=6vP34XZEeSU&feature=related

 

Me asome por el  estrecho ventanuco que daba la calle, solo  mal cubierto  por un cristal  astillado, con las ultimas luces del día vi como empezaban a caer los primeros copos de nieve de una tormenta que  llevaba meses sin  abandonarnos, en la calle  apenas  había transeúntes, los pocos  que osaban  andar por ellas con ese tiempo,  iban cabizbajos y casi a la carrera; un escalofrío recorrió  mi cuerpo  y  fui a sentarme cerca de  la chimenea para reponerme del frio, mi madre había  acercado una de las sillas  y  abrazada a mi hermana se sentó también ante el fuego, yo instintivamente me aproxime a su pierna  y me apoye en ella, papa  ya debería de haber llegado,  pero  se retrasaba, aunque  mi madre  no estaba preocupada  por ello.

Cuando por  fin se abrió la puerta,  se levanto enérgicamente de la silla  y  tras darle un beso, le pregunto, lo has  podido hacer.

  • Si, aquí lo traigo, y depositó dos paquetes sobre la mesa.

Mama  se puso a manipularlos  mientras mi hermanita  preparaba la  mesa para la cena de Nochevieja.

Papa, dejo algo  sobre su camastro  y lo  cubrió con  el  jergón que usaba  para abrigarse cuando  estaba en la calle.

Esa  noche  no fue  simplemente la consabida sopa del puchero, al abrir los paquetes  un  fuerte  olor a mar, salado  y fuerte; esta noche  sería la primera vez que  sobre la mesa tendríamos  esos pescados plateados que  tantas veces me había quedado mirando en aquellas cajas  redondas de madera en la tienda de ultramarinos, esas sardinas arenques que por primera vez generaban un ambiente festivo y feliz.

La casa  parecía más luminosa,  las llamas de fogón chisporroteaban acorde con nuestra felicidad  y  lo que antes era  tristeza y miseria, se convirtió en alegría compartida, entonces mamá sacó de la alacena esa botella de vino para  ocasiones singulares  y lleno el desconchado tazón de porcelana, papá  volvió la cabeza hacia   mamá y mirándola tiernamente se lo agradeció como si del más codiciado presente se tratara, se dieron  un tierno beso, un primer beso en nuestra presencia  y mi hermanita y yo nos miramos entendiendo  por primera vez que era eso de la Navidad.

Al terminar la cena, con un gesto mamá  nos indico que permaneciéramos en la mesa,  y acercando un nuevo plato, nos mostro algunos dulces de esos envueltos en  brillantes  papeles, que  adornaban años tras años el escaparate de la tienda.

Nos tuvieron que animar en un par de ocasiones  para que  ultrajáramos esos bonitos  envoltorios  e hiciéramos acopio de estos dulces.

Al irnos a la cama, papá aparto su jergón,  y sacó dos nuevos paquetes, envueltos en  tela de saco.

En el de mi hermana una muñeca de trapo, el mío  una  marioneta con alegres hilos de colores que movían cada miembro del muñeco.

Mi hermana se abrazo a la muñeca con tal fuerza, que verla con ella en brazos parecían  un solo cuerpo, yo tan solo de mirarla  me sentía emocionado feliz, a mi  la marioneta  me la colgó del techo y mirándola me quedo dormido.

 

  • ¿Cómo me han quedado las tostadas  hoy?
  • Muy ricas mamá, mejor que nunca.

Mientras desayunaba, ese desayuno que ya de por si era un regalo, esas tostadas que mamá bien de mañana preparaba y que tantos se parecían a las torrijas, volví a sonreír, la besé y mirándola fijamente  la dije:

  • Mamá este año no quiero nada  para Reyes, este año tengo de todo.

 

Mi pareja se me acerca por detrás, me abraza  y  me besa en las mejillas, mientras comenta:

  • ¡Qué contento te veo hoy!
  • Veo que esta noche ha debido de pasar algo, ya que anoche cuando me fui a dormir, tenías un genio de mil diablos.
  • Sí, hoy es para mí Navidad.
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